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A LA SOMBRA DEL TRASVASE

“Obra que no es favoritismo, ni local ni regional, sino una obra genuina, honda y netamente española”. Estas fueron las palabras que justificaron la creación del trasvase Tajo-Segura y quién sabe si alguien había pensado que el país tendría que hacer frente al cambio climático.

El trasvase Tajo-Segura es una de las mayores obras de ingeniería hidráulica de España, que permite transportar agua desde la cuenca del río Tajo a la cuenca del río Segura. Con una longitud de 300 km, atraviesa Castilla La Mancha hasta llegar al río Mundo, afluente del Segura, a través del pantano del Talave, desde donde se distribuye su agua a Murcia, Alicante y Almería. Este sistema supuso un cambio de una agricultura tradicional de secano a una agricultura industrial de regadío. También tuvo relevancia en el desarrollo urbanístico de la zona. En las raíces del trasvase se encuentran personas que han desarrollado sus vidas en función del agua que reciben y que utilizan para riego y consumo doméstico. En 2020, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, el trasvase Tajo-Segura suministró agua a cerca de 2,4 millones de personas y a unas 142.000 hectáreas de cultivos. El agua obtiene aquí un significado aún más antropocéntrico.

Cuarenta y cuatro años después de su puesta en marcha, el caudal trasvasado es cada vez más escaso debido a un estado de sequía crónico como consecuencia del calientamento global. Ahora que se ha transformado la agricultura de forma irreversible y ampliado tres o cuatro veces su área inicial, cuando ese trasvase ya no es viable, empiezan los problemas. 

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